At this stage in my life I don’t think I'm going to write anything worthwhile.

lunes, 25 de noviembre de 2013

He pasado una tarde tranquila. Aprovechando la soledad de la casa por la marcha de mis padres desde el medio día hasta cercana las once de la noche, he podido sentir ese silencio que anhelaba.
Vi películas, o al menos intenté verlas. La tele no capta mi atención como se supone que debería, aún así, la mantuve encendida derrochando energía para no sentirme tan sola.
Lo curioso de este mal hábito es que buscas de algún modo irremediable la soledad, pero el silencio a veces despotrica más que dos personas manteniendo una conversación.
Y de este modo, tienes un sonido de fondo que tranquiliza en mayor parte.
La cuestión es que después de mi intento fallido de poner Moulin Rouge, y mis pocas motivaciones de seguir intentándolo, desistí y me acerqué con paso firme a la estantería de mi habitación a coger ese libro que había sido mi última adquisición.
No pude evitar sentir un amargo y enorme desasosiego abrazando mi pecho.
Me he dado cuenta que, al igual que aquel protagonista en las tardes de primavera, no tengo a nadie con quien contar plenamente.
¿Me he ido aislando de los demás? El sentimiento de abandono es tan permanente que aunque haya gente alrededor no se hace más minúsculo. Al contrario, duplica su tamaño envolviendo tu cuerpo y creando una escena diferente a la que estabas viviendo.
 ¿Nadie se ha percatado de mi distanciamiento? O es que tal vez... lo han hecho y les ha sido completamente indiferente. Lo habrán achacado a cosas de la edad..." La veintena trae bajo el brazo responsabilidades y distanciamientos -Es hora de afrontar la madurez-"
Lo cierto es que vivía en una ilusión óptica bastante confortable hasta que de golpe abrí los ojos y toda la claridad me estampó en la cara.
Nadie permanece permanentemente al lado de una persona... nadie salvo aquel que necesite a alguien, pero ¿cómo ser ese alguien que ellos necesitan? ¿cambiar uno mismo para solucionar un problema minúsculo como pueden ser unos lazos afectivos deshilachados no roza lo antinatural? Es agobiante nada más pensar  que puedes ser totalmente prescindible, incluso llegados a cierta etapa, en las vidas de los que estaban más unidos a ti.
Otros llegan y sus llegadas acarrean nuevas historias, y no hay hueco en ellas para ti. Se dedican a corretear y dejar huellas repletas de barro en el suelo de tu habitación.
Quién sabe, es triste pensarlo, pero no lo escribo con tristeza sino con objetividad.
Hay cosas, situaciones, relaciones que han cambiado, eso es cierto. Ya no hablamos por teléfono, ya no quedamos para hablar en un banco a las tantas de la madrugada para compartir lo que nos corroe por dentro. ¡Apenas ya nos dedicamos a quejarnos! O en mi caso particular, el porcentaje de quejas ha descendido considerablemente. La gente cambia, renuevan sus círculos sociales, crecen en la sociedad, se marcan metas que deben cumplir a raja tabla y te olvidan, y tú los olvidas a medias. El comportamiento está mucho más marcado, tiene un ritmo que sólo ellos pueden oír. Su propia melodía. Su canción de vida.
Pero ¿Dónde quedan aquellos que viven anhelando a los que se han ido? ¿Hay hueco para nosotros?

No hay comentarios:

Publicar un comentario