At this stage in my life I don’t think I'm going to write anything worthwhile.

viernes, 23 de agosto de 2013



Ya no estás aquí ¿Recuerdas? Dijiste que te ibas a quedar, o al menos tus tristes ojos lo dieron a entender.
Nos perdimos tantas veces en aquellas calles que sólo nosotros sabíamos encontrarnos, y daba igual quién hubiera de por medio. Eso es lo que extraño. Unos ojos que hablasen, y el surco de un avión cruzando el cielo.
Hemos pasado mañanas entre libros, en la biblioteca de la esquina, aquella a la que nadie iba. Añorábamos la soledad de uno mismo pero queríamos compartirlas. Hacíamos presente nuestros relatos de la noche anterior, en la que por casualidades del destino nuestras manos se encontraban lejos la una de la otra. Queríamos que la soledad se convirtiera en sombras que bailaban a nuestro alrededor (con el cuerpo de mi oscuridad ceñido a tu esbelta sombra) mientras nuestros párpados luchaban contra el cansancio y por mantener los ojos fijos en aquellos papeles tan detestables.
¡Nos obligaban a aprender cosas que no necesitábamos! Y daba igual porque queríamos aprenderlo todo, de cabo a rabo. De cada coma, a cada punto, fabricando fotogramas en la memoria.
Yo fotografiaba tus manos, y tú mis mejillas. Las horas morían felices si estábamos cerca. Se sentían eternas y flameaban su existencia.
Pero ya no estás. Aquí daba comienzo a mi reproche. Tambaleándome de extremo a extremo buscando un equilibrio que no existía. Evitando mis costumbres de escapismo casero. Contigo no era necesario huir tan deprisa. Las personas no daban miedo, eran simples maniquíes que se sentaban los domingos en aquellas cafeterías a ahogar sus penas en tazas, y a saborear las cenizas de sus fines de semanas en papel barato. Contigo me sentía a salvo porque estabas tan roto como yo. Contigo podía quedarme en silencio durante horas y la comodidad de tus brazos me proporcionaban calor al cuerpo. 
¿Dónde quedaron las fotografías de la naturaleza que pintamos sobre el lienzo de nuestra piel? ¿Y dónde dejamos el surco de los rayos de sol que peleaban con mis manos por acariciar tu pelo?

Sólo me quedan fuerzas para reprocharte que me has dejado sin musa, sin papel, ni tinta.


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