At this stage in my life I don’t think I'm going to write anything worthwhile.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Desde bien pequeña me adueñé de la imagen feliz que debían traer consigo por obligación los cumpleaños.
Me imagino que otorgarle un plan directo a un día que aún no ha comenzado resulta un poco estúpido. Siempre opté por imaginar escenificaciones utópicas y siempre acababa chocando contra la realidad. En definitiva, siempre fui así de estúpida.
Depositar las alegrías como si fueran trocitos de papel en una urna oscura, y que cuando llegue el día glorioso en el que dicha urna será abierta sólo encuentres un papel con una felicitación y con una letra totalmente familiar. La tuya propia. Así es como llego a sentirme cada año que este día llega.
Y aunque los días van pasando, ni siquiera me hago consciente de la llegada del día en el que se manifiesta que he cumplido un año más con vida, un año redondo viviendo.
¿Quién es capaz de acordarse de unas cifras como esas que quieren marcar pautas y te hacen vivir con prisas?
Desde hace unos tres años, los cumpleaños no fueron lo mismo.
Cada vez había menos personas, y menos sorpresas. Los regalos eran más sencillos y llegaba a notar que me rodeaba de personas que no me conocían en absoluto. Que se sentían obligados a ofrecerme una felicitación porque era " lo que se debe hacer en esos casos". Pero nunca llegué a tocar ese trasfondo de cariño. Me hubiera gustado sentir tanto aprecio, tanto amor a espuertas que mi cuerpo se hubiera quedado paralizado sintiendo lo mismo durante días.
No entiendo si se me escapan las lágrimas de alegría, o de tristeza por ir avanzando y sentirme estancada en el lodo, con la opresión de la tierra sujetándome los tobillos. Pero me resulta inevitable dejarlas huir, a fin de cuentas, también es su cumpleaños sería un comportamiento bastante egoísta si no les dejase disfrutar a su manera.


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