At this stage in my life I don’t think I'm going to write anything worthwhile.

domingo, 26 de mayo de 2013

Porque tú, yo, y el mundo nos estamos muriendo.

Sus ojos examinaban cada milímetro de los míos con tal intensidad que cualquier intento de caricia entre sus pestañas se hubiera convertido en una cortina de humo. Por tanto, se volvería inexistente.
Y yo me dediqué a observar cómo sus pupilas se iban dilatando con lentitud, y cómo con el contacto del sol en su mejilla reducían su tamaño.
Los surcos de sus ojos eran grandes depresiones, de aguas claras hasta dónde alcanzaba la luz y con glaciares en lo más profundo del abismo, con alguna que otra partícula de arcilla en suspensión que resaltaba con nitidez el oceánico azul de sus iris. 
Él en sí, era una enorme masa de hielo que erosionaba todo a su paso.
Tan gélido que con un roce de dedos podía abrasarte la piel, y con su silencio provocaba una corrosión de los sentidos.
Pero en esa capa de escarcha que formaba parte de su ser, se reflejó su propia soledad.
Abrió así la sospecha de que la conjetura de su solidez se había desquebrajado.
Que detrás del gran océano, se escondía un cálido horizonte.

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