At this stage in my life I don’t think I'm going to write anything worthwhile.

viernes, 22 de febrero de 2013

El verde de los árboles.







 La fugacidad de las dunas y tus dudas, y la contradicción de hablar con palabras que no decían nada. Así bailábamos entre los árboles, impasibles al daño. Lo único que sabía era que dejaríamos en el camino señales de guerra, un infinito tango que nos haría derramar tinta por las paredes de nuestra habitación.
Tú formabas parte de un deseo cruel, y yo de un fragmento del firmamento que se desmoronaba pretenciosamente para verte lucir entre las luces de las farolas cuando caminabas creando tu irreemplazable sombra.
Aún recuerdo cada carta que te escribía pidiéndote tregua, se destilaban para nadie, que nadie eras tú.
La pluma se inmovilizaba cada vez que tenía que finalizar frase alguna, y fuera lo que fuera, el grito ya había escapado en aquellos papeles que más tarde eran prisioneros de sobres que acallaban secretos con el filo de mi lengua.
Durante meses, más aún, durante años pensé que sería prudente recuperar cada objeto que guardaba tu esencia y dejarlos en un lugar cercano al mar, donde las olas pudieran empapar, y lamer cada gota sólida de nuestro encuentro.
Pensé que hallaría la forma de que las conchas marinas no reproducieran la marea, si no que reflejaran tu cálida voz diciéndome una vez más  " Me alegré de haberte conocido "
Todavía la tierna tierra de aquel bosque tiene tatuada nuestras huellas en alguna de sus capas o agarradas a una roca. Se enterraron varios fragmentos de cada noche compartida, y nuestras risas se convirtieron en el eco de cada ave nocturna. 
Allí en el verde de los árboles no habrán personas que puedan decepcionarte y es dónde yo te espero, dónde sólo cabes.
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