At this stage in my life I don’t think I'm going to write anything worthwhile.

lunes, 25 de junio de 2012

Acabo de entender el funcionamiento del corazón. No el anatómico, hablo de su funcionamiento abstracto.
Tiene una cavidad hueca especial para las esperanzas. Pero esa abertura no está revestida por tejido flexible. Digamos, hipotéticamente que es como si el mismo corazón tuviera una cajita de madera que aporta gran importancia al funcionamiento del mismo.
Esta caja, o en su susodicho hueco suele alimentarse de sueños. Todos los deseos de nuestro organismo acaban llegando allí y se distribuyen en orden de prioridades según el individuo.
Hay una máxima de cuatro anhelos, y estos colman completamente el vacío del corazón.
Por desgracia hay veces que los sueños, a los cuales le daremos una forma amorfa que al no cumplirse emiten una explosión, no llegan a realizarse. O se tuercen o incluso la misma mente hace que lo percatemos fuera de nuestro alcance. Esto provoca que esa pequeña nube de polvo e imaginación se expanda y agriete la caja. Esta presión estimula el despido de pequeñas astillas que se clavan en el interior del corazón impidiéndole funcionar con normalidad. Y es ahí cuando llega nuestro desasosiego, nos falta el aire y nos desplomamos al suelo de la incomprensión, castigándonos por permitir que sucediera tal estruendo dentro de nosotros mismos. Estos son problemas que tan solo el tiempo y la sangre podrán encargarse de curar. Pero después están los sueños caníbales. Esos son los más peligrosos por que se alimentan de las ilusiones para seguir creciendo y devorar todo lo que hay a su paso. Tan sólo importa él. Su presencia es más valiosa que cualquier otro sueño, o cualquier otra prioridad. Y entonces se proclama el caos, es cuando la noche se adentra en tu alma y el corazón bombea lento.
Los ojos se ciegan para esquivar las verdades y son, tan solo las mentiras o las medias evidencias las que consiguen filtrarse a través de nuestras pupilas para llegar a la boca del lobo, el agujero negro de nuestro sueño.   
Y sólo, si el individuo que lo sufre es valiente, conseguirá aprisionar esa ilusión dentro de la caja hasta que su tamaño se compare con la nada y el vacío. 
A fin de cuentas, su control está en nuestras manos. 



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