At this stage in my life I don’t think I'm going to write anything worthwhile.

sábado, 3 de diciembre de 2011

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Intoxicarse de zumo de naranja nunca fue una buena opción de ignorar o aplacar los problemas que acarrean el pasado, aunque sí más saludables que el alcohol y las drogas.

Sin azúcar, por favor. Saborearlo amargo y con grumos.
Sentarse en la décimo cuarta mesa de un bar contando desde la profundidad del mismo hasta la claridad de la ventana donde me sitúo.
Más de una mirada de algún peatón curioso se fija en mi manera de silenciar los murmullos del fondo del vaso curvado. En el periódico ni una sola salida de emergencia. Ni al gato atrapado en la pecera de la tira cómica le encuentro la gracia. ¿ Cómo se puede reír de un pobre animal atrapado en su propio futuro ? No, no le veo la gracia.
Será más allá del medio día por que el sol se refleja en mis brazos, y más de un olor a fritura me ha venido a la nariz. Gente que come para ahogar los gritos de sus enormes estómagos e inconscientemente para cerrar la luz de sus venas.
Este no es un bar triste, es simplemente un bar en pleno centro de la ciudad. Desde fuera se asemeja al Central Perk, con un toque menos vintage pero parecido en cierto modo. Delante de mi mesa, delante de mi, como si fuera el futuro se encuentra parte de mi pasado.
Él, el culpable del asesinato de tantas naranjas para que yo pudiera beber su sangre y de algún modo calmarme.
Allí mirándome sin darse cuenta de a quién mira. Con sus ojos clavados en mi pecho, y este teniendo contracciones ventriculares prematuras.
Cierra el libro y se decide a venir, paseándose con su dichoso cuerpo perfecto.

Le odio, cómo le odio, como odio quererle tanto.

Y aquí llega, nuestro posible futuro para fundirse con el pasado y crear mi presente. Una y otra vez con él...

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